sábado, 1 de septiembre de 2012

RESUMEN DEL DISCURSO PRONUNCIADO EN EL TEATRO PEREDA, DE SANTANDER, EL DÍA 26 DE ENERO DE 1936


  Dice Primo de Rivera que hoy le corresponde a él hablar de cosas desagradables. Falange sabe que no le es lícito estar ausente de la contienda electoral, como de ninguna coyuntura. La lucha va a plantearse entre dos grandes fuerzas: la de la civilización occidental, cristiana, y un sentimiento ruso, asiático, que insiste en venir a desplazarla.

  Aludiendo al manifiesto de las izquierdas, dice que en él no hay más que unos burgueses prisioneros, a los que se permite un pequeño aleteo para que puedan decir que no les es grata la socialización de la propiedad; pero que se ve que van empujados por la fuerza de las masas soviéticas para establecer el Estado número dos, como ya se llama en Moscú a España. Nos anuncian un sistema en el que se nos achicharrará poco a poco, para implantar el socialismo.

  Frente al bloque de izquierdas, nosotros abogamos por un frente nacional, que cerrará implacable el paso a la revolución con barreras infranqueables a los flancos, pero que sabrá escaparse por arriba en aspiración imperial. No se ha hecho esto y hoy renacen las consignas de 1933. Y volverán a surgir en 1940, repitiéndosenos que se va a hundir la civilización cristiana. Pero para que no se hunda tenemos que poseer algo más que la consigna del miedo: una fe profunda en España. Frente a los gritos de abajo esto y abajo lo otro, hay que gritar: "¡Arriba España, una, grande y libre; por la Patria, el pan y la justicia ... !" (Grandes aplausos.)

  Analiza severamente la labor de las Cortes y habla de la admirable tradición militar de nuestros soldados.

  Ya es hora –exclama– que les demos armas y barcos para que sepan triunfar en las pruebas que merecen. (Ovación y vivas al ejército y a España.)

  Agrega que no se ha hecho nada. En dos años de socialismo se llegó a penetrar hasta en las escuelas; en los dos años siguientes no se ha devuelto a las escuelas su sentido cristiano y nacional. La revolución marxista y separatista de octubre se liquidó en tan cobarde forma, que mientras los grandes culpables obtienen absoluciones e indultos, todo lo han pagado –Dios tenga piedad de ellos– el sargento Vázquez, muerto después de saludar a la bandera, y aquel pobre niño que fusilaron en León.

  Si lo que se promete ahora en vísperas de las elecciones es una política semejante a la que se desarrolló entonces, yo os digo que no cuenten con Falange Española; si ésta es la España que ellos quieren, entonces, camaradas, ya podéis ir pidiendo que se os extienda la carta de ciudadanía de Abisinia.

  Para una España fuerte y libre no regatearemos sacrificios; para la que se sortea cada dos años, ni un cartel, ni un grito ni un voto. (Muy bien. Grandes aplausos.)

  Hablando de las alianzas electorales, dice que Falange Española irá sola donde debe ir; nos abstendremos de presentar candidatos allí donde podamos hacer daño. Expone el concepto de la Patria. Habla de los trabajadores y del problema social. Recuerda los conceptos que expuso en la conferencia que pronunció en el Ateneo de Santander, donde manifestó que, a su juicio, la angustia del mundo y de España es que estamos asistiendo al final del régimen capitalista, aclarando que el capitalismo nada tiene que ver con la propiedad, que necesariamente ha de subsistir a través de todas las evoluciones.

  Dice que el capitalismo es una armadura que incorpora los factores de la propiedad a la dominación financiera.

  Como ejemplo, se refiere a la Cooperativa Sam, y expresa lo que ocurre, con un negocio de leche donde se aúnan los esfuerzos de miles de modestos campesinos que quieren constituir una Cooperativa para obtener directamente los beneficios y cuando comienzan a lograrse éstos una gran empresa extranjera, que tiene grandes negocios en medio mundo, y a la que no le importa nada perder varios millones de pesetas, rebaja el precio de venta unos céntimos y arruina por entero a una provincia como ésta. (Ovación ensordecedora.)

  De este aspecto entero y profundo de la crisis del capitalismo, que oprime no sólo a los obreros, sino a muchos pequeños empresarios, no dice nada la propaganda de las derechas. Todo se les vuelve llamamientos falsos al "honrado obrero", que el obrero, naturalmente, no ha de creer.

  Lo cierto es –sigue diciendo– que a los obreros, hasta que formaron sus Sindicatos, no se les quitó sus jornales de hambre y hasta que no fueron un peligro no les llamaron las derechas. (Aplausos.)

  Expone que Falange quiere desarticular el régimen capitalista para que sus beneficios queden en favor de los productores, con objeto de que éstos, además, no tengan que acudir al banquero, sino que ellos mismos, en virtud de la organización nacionalsindicalista, puedan suministrarse gratuitamente los signos de crédito.
Agrega que si Falange llega al Poder, a los quince días será nacionalizado el servicio de crédito, acometiéndose inmediatamente el problema agrario. Quizá llegue pronto el día en que me vea obligado a responder de estas cosas. (Ovación.)

  Daremos a España justicia. El que ejerce el Poder por audacia o por vanidad no puede ser rígido. Son débiles y crueles. El Estado interino, flojo, es siempre débil y cruel. Termina diciendo que la España del pan para el obrero y de la justicia para todos sí que merece todos los sacrificios. Con diputados, sin diputados o contra los diputados la tendremos. Y entonces sí que cerraremos el paso a quien pretenda destruirla; pero no con nuestros votos, sino con nuestros brazos, con nuestros pechos, con nuestras armas.

  ¡Arriba España!

  (Arriba, núm. 30, 30 de enero de 1936)